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Beber agua, la forma más fácil de cuidarse

Fuente: Fundación Eroski

Beber agua, la forma más fácil de cuidarse

Sin agua, no hay vida. Nuestro cuerpo necesita un mínimo de 2 litros diarios para funcionar correctamente. En españa, la mayor parte del agua que bebemos proviene del grifo. Es un agua sana y limpia, pero los expertos recomiendan combinar su consumo con el de agua envasada, cuyas ventas se han duplicado en la última década.

Cuidar de nuestra salud exige a veces grandes esfuerzos. Otras, sin embargo, se reduce a un gesto tan sencillo como llevarnos un vaso de agua a la boca. Beber agua, es decir, mantenerse bien hidratado, es uno de los pilares básicos para el buen funcionamiento de nuestro organismo. Sin agua, no hay vida. El 60% del cuerpo humano es agua –un 80% en el caso de los bebés– y necesita del líquido elemento para realizar acciones tan vitales como transportar los alimentos y gases a las células, regular la temperatura corporal y eliminar los deshechos y sustancias tóxicas. Además, es un aliado para la belleza: contribuye a mantener la piel tersa y joven, y las uñas y el pelo fuertes y brillantes. Por si todo esto no fuese suficiente, también ayuda a adelgazar, entre otras cosas, porque suprime el apetito de manera natural y ayuda al organismo a metabolizar las grasas acumuladas.

Los expertos recomiendan beber entre 2 y 3 litros de agua al día, de manera regular y sin esperar a sentir sensación de sed. Una cantidad que debe incrementarse en el caso de los deportistas, cuando se padezca fiebre –para compensar el líquido perdido por la transpiración–, cálculos biliares, acidez de estómago –ayuda a disolver los jugos gástricos–, durante el embarazo –disminuye el riesgo de infecciones urinarias tan frecuentes en ese periodo– y, por supuesto, en verano, para evitar la deshidratación provocada por las altas temperaturas. El agua que necesita nuestro cuerpo puede obtenerse a través de 3 fuentes: del líquido que ingerimos, de los alimentos que consumimos y del propio organismo, que también produce agua como consecuencia del metabolismo. Frutas y verduras son los alimentos con un mayor porcentaje de agua en su composición.

Cualquier momento es bueno, pero está especialmente recomendado beber uno o dos vasos de agua por la mañana, nada más levantarse y en ayunas. De esta forma, se consigue una mejor hidratación y se activan los mecanismos de limpieza del organismo.

Niños y ancianos

Mantener una correcta hidratación es necesario para cualquier persona, pero es especialmente importante en los niños y ancianos. Los niños son un pequeño ‘terremoto’, de aquí para allá todo el día, y deben compensar la pérdida de líquido provocada por su gran actividad física. Otro aspecto importante es que, en esta etapa, el agua contribuye de forma decisiva a dar estructura y forma al cuerpo mediante la rigidez que proporciona a los tejidos.

Con el paso de los años, el porcentaje corporal de agua disminuye. En las personas mayores, decrece hasta el 50%. Esta pérdida de agua afecta a todos los tejidos del organismo. Muchos ancianos no ingieren la cantidad de líquido requerida y entre las consecuencias de una deficiente hidratación se encuentran:

  • Estreñimiento: el agua facilita la disolución de los residuos de los alimentos y es necesaria para expulsar las heces del cuerpo.
    Concentración de orina: puede desencadenar problemas en los riñones, como la formación de cálculos o arenillas provocados por la acumulación de sales.


  • Acumulación de grasa: si el cuerpo no tiene agua suficiente, los riñones no pueden funcionar correctamente y traspasan parte de su carga de trabajo al hígado. Una de las principales funciones del hígado es transformar la grasa acumulada en energía útil, pero si este órgano se carga en exceso, no puede metabolizar toda la grasa, y ésta se acumula en el cuerpo.


  • Digestión lenta: los alimentos necesitan una solución formada por jugos gástricos y agua para disolverse correctamente.


  • Peor circulación sanguínea: sin la cantidad de agua necesaria la velocidad de circulación es menor que la aconsejable.


Deportistas bien hidratados

Durante la práctica de ejercicio físico se produce un aumento de las pérdidas de líquido. La sudoración aumenta para compensar el aumento de la temperatura corporal, por lo que el aporte de agua tiene que ser mayor. Si el deporte se practica en un ambiente caluroso y húmedo, las necesidades hídricas son todavía mayores.

Si el deporte o la actividad física que realizamos es de poca intensidad y corta duración –inferior a una hora–, en principio no sería necesario un aporte extra de agua, ya que nuestro propio organismo produce agua al metabolizar los alimentos que ingerimos, y esta cantidad sería suficiente para compensar las pérdidas.

Sin embargo, en ejercicios de mayor intensidad –y por encima de una hora– es necesario beber una mayor cantidad de líquido. En este caso, se recomienda ingerir 500 ml de agua en la hora previa a la realización del ejercicio. Durante el esfuerzo se recomienda mantener una hidratación de 200 ml cada media hora. Después del esfuerzo, se aconseja ingerir un mínimo de 500 ml de agua en la hora posterior al ejercicio.

Consumo creciente

En España, la mayor parte del agua que se consume proviene de la red de suministro público. Es la que conocemos comúnmente como agua del grifo. Por regla general, este agua es limpia y segura para el consumidor, pero su calidad varía dependiendo de la zona geográfica. En Madrid y en las ciudades del norte peninsular disfrutan de un agua de mejor calidad que la de la costa mediterránea y Andalucía, que destaca por su peor sabor debido a un mayor contenido en cloro. Es en estas zonas donde se produce un mayor consumo de agua envasada. Los expertos recomiendan combinar la utilización del agua del grifo con aguas envasadas de baja mineralización, con el objetivo de depurar el organismo convenientemente. Un estudio realizado por el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y publicado en la revista estadounidense ‘The Journal of Nutrition’, demuestra que el consumo continuado de agua mineral natural carbónica ayuda a “reducir el nivel de colesterol y el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares”.

Los consumidores parecen hacer caso al consejo de los especialistas, ya que en los últimos diez años se ha duplicado en España el consumo de agua envasada, un producto cada vez más habitual en la cesta de la compra de los españoles debido a su creciente preocupación por mantener una alimentación sana y saludable. En 2003, el consumo por persona fue de 114 litros y, sólo un año después, esta cifra ascendió hasta 136 litros. Para 2005, se estima un crecimiento del 10% en sus ventas.

Según la normativa que regula en nuestro país el agua envasada, podemos distinguir entre:

  • Agua mineral natural: es agua bacteriológicamente sana que tiene su origen en un yacimiento subterráneo y brota de un manantial, ya sea natural o perforado por el hombre. Se diferencia del resto de aguas envasadas por su contenido en minerales, oligoelementos –indispensables para las funciones fisiológicas, como el cinc– y su pureza original; la propia normativa obliga a que este agua conserve intactas sus características hasta que llega a manos del consumidor. A su vez, las aguas minerales naturales se subdividen en: naturalmente gaseosa, carbónica natural, reforzada con gas del mismo manantial, con gas carbónico añadido, totalmente desgasificada y parcialmente desgasificada. El 90% del agua envasada que se produce en España es agua mineral natural y, dentro de esta categoría, el primer puesto corresponde a las variedades ‘sin gas’.


  • Agua de manantial: también es agua biológicamente sana y de origen subterráneo, que emerge de un manantial, natural o artificialmente. Debe poseer unas características naturales de pureza que permitan su consumo.


  • Agua preparada: es sometida a tratamientos fisioquímicos específicos.


  • Agua de consumo público envasada: es agua del grifo, proveniente de la red de suministro público y envasada para su comercialización. Algunas pueden estar tratadas con el fin de mejorar su calidad y sabor.


Las frutas y verduras te refrescan

Hidratar correctamente el organismo no se reduce exclusivamente a beber agua. Hay otras formas de aportar al cuerpo la cantidad de líquido que necesita cada día. Una de las más sanas es comer de forma regular frutas y verduras de temporada, ya que contienen un elevado porcentaje de agua en su composición. Además de calmar la sed de forma apetitosa y contribuir a mantener la piel bien nutrida e hidratada, con el consumo de estos alimentos obtenemos nutrientes esenciales para el correcto funcionamiento nuestro organismo. Las frutas y las verduras presentan un bajo aporte energético y resultan muy adecuadas para las épocas de calor, en las que nuestro cuerpo no necesita tantas calorías, como en las estaciones más frías, para mantener la temperatura corporal.

  • Frutas: más del 80% de su peso es agua y su consumo facilita la eliminación de toxinas del organismo. Los zumos de fruta sólo contienen agua, azúcares y parte de las vitaminas y minerales. En cambio, no contienen la fibra de la fruta entera. Entre las frutas con mayor porcentaje de líquido y que conviene ingerir en mayor cantidad están las uvas (82% de agua), las fresas (90%) y la sandía y el melón (93%).


  • Verduras: el agua constituye entre el 80 y el 90% de su composición, y en ellas se encuentran disueltas las sales minerales y las vitaminas. Estos elementos tienen un papel preponderante en importantes funciones del organismo, como la transmisión de los impulsos nerviosos, el mantenimiento de la presión arterial, el buen estado de las células de los tejidos, la síntesis de hormonas y enzimas y, sobre todo, la hidratación correcta del organismo. Las sopas frías de verduras son una excelente y nutritiva forma de ‘regar’ nuestro cuerpo.


Bebidas naturales que ayudan a hidratarte

Beber agua no es la única manera de cubrir las necesidades de líquido que nuestro organismo necesita. Zumos, infusiones, batidos, caldos y sopas nos permiten mantener el cuerpo correctamente hidratado. Además, su consumo nos aporta vitaminas y minerales que nos llegan de energía para disfrutar plenamente de la primavera.

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